Número dedicado al pensamiento de Zygmunt Bauman

Analizar la obra de Zygmunt Bauman no es tarea fácil, máxime si se considera que, por regla general, el mundo académico de las ciencias sociales y políticas es reacio en extremo a aceptar alternativas que expliquen el devenir social desde la perspectiva de las metáforas y la reflexión desenfadada. Buena parte de las críticas hacia la obra de Bauman, lo sitúan en la posición de un autor poco comprometido con la cientifici- dad de la sociología, simplista en sus disertaciones por no acudir la lógica cuantitativa (tan manida en nuestros días) o bien como un charlatán. No es para menos. Bauman rompió definitivamente con una forma ortodoxa de entender la, ya de por sí, compleja realidad social. Para ello no acudió a la formulación de grandes teorías, ni a la invención o reinvención de concep- tos; antes bien, las metáforas fueron sus aliadas predilectas.

El paso del mundo “sólido” a la esfera “líquida” es muestra de ello. No existe mejor forma de explicar las grandes transformaciones que ha sufrido la humanidad en sus ejes sociopolítico y socioeconómico que con estas metáforas. El viejo mundo, el sólido, es aquel que creó certezas, lo mismo para la vida laboral que para la vida privada. Lo material se resolvió en la ecuación del Estado-Nación, un modelo político cuyo auge se encuentra en la Paz de Westfalia, pero cuyo punto culminante es la posguerra del siglo XX.

Qué mejor manera de explicar el llamado “Estado de Bienestar”, el “Keynesianismo”, la “Política Social” y eso que recordamos, con nostalgia, como la vida buena de la cuna a la tumba. Los “gloriosos” años 30, como también se les conoció. Es vida sólida porque es perdurable, porque se ciñe al paradigma de intervención política… la época populista, autoritaria y antidemocrática como draconianamente se le llama ahora y de la que tanto se quejan los analistas líquidos del presente: la izquierda y la derecha progresistas, como se autonombran.

De igual forma, no hubo mejor manera de explicar el presente que con la metáfora del mundo líquido, un mundo sin “ataduras” al pasado, pero cosificado en la lógica del libre mercado a ultranza. Si desde hace muchos años se debate si el neoliberalismo es igual que la globalización (algo de lo que por cierto se encargó de desenmarañar un contempo- ráneo de Bauman, Ulrich Beck), la metáfora del mundo líquido disipa cualquier duda.

En nuestra vida líquida no hay límites: hay competencia, hay muchas oleadas democratizadoras, existe una vena antiautoritaria (que algunos encasillan en los derechos humanos); existen los gobiernos abiertos, electrónicos, por resultados –sumo y sigo- pero lo que marca realmente nuestro devenir es la incertidumbre. Sin seguridad ma- terial no hay libertad real decían en otros tiempos. Y en nuestros días lo real, lo líquido, es el trabajo flexible, la contratación individual (no colectiva como se estilaba en los tiempos sólidos), la precarización de los derechos sociales y la “resolución biográfica de problemas creados estructuralmente” (Beck dixit). En otras palabras, ahora somos demócratas pero tenemos desafección con la política porque los candidatos no pueden cumplir promesas de campaña al momento de ser gobernantes. En nuestros días, la profesionalización de los procesos educativos (la especialización), se topa con el desempleo estructural. Hoy somos ciudadanos libres en nuestras elecciones, pero los elementos que nos crean felicidad terminan, casi siempre, en tiendas departamentales y si no somos parte del mercado, si no tenemos poder adquisitivo, entonces somos ciudadanos frustrados, pero siempre libres; algo de lo que se quejan los analistas sólidos del pasado: las viejas y conservadoras izquierda y derecha.

Por ello el ser hijos de la libertad no es garantía de nada en estos tiempos líquidos y eso lo entendió, como ningún analista de la época, Zygmunt Bauman. Dentro de las paradojas que rodearon al autor, está la de que alcanzó la “fama” en el mundo de las ideas ya siendo un hombre mayor. Le pasó lo mismo que a los integrantes del Buenavista Social Club, multireconocidos y aclamados en la última parte de su vida (musical y biológica). Este tipo de aspectos también forman parte de la vida líquida. Y la otra paradoja es que los jóvenes y entusiastas estudiantes de ciencias sociales y políticas comprenden de mejor manera el presente, su presente, con las ideas de Bauman que con tesis de autores más sofisticados. Ello nos obligaría a pensar en la siguiente imagen: un abuelo, de otros tiempos, explicándole a su pequeño nieto, siempre atento, la realidad que le ha tocado vivir.

Ruslan Posadas Velázquez
Coordinador del número

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Publicado: 2017-05-01

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