• Vitam. Revista de Investigaciones en Humanidades Vitam. Revista de Investigación en Humanidades
    Núm. 3 (2017)

    Pese a su brevedad, el presente número tiene la intención de proponer un debate sobre algunas figuras académicas latinoamericanas que fueron y en muchos casos siguen siendo diseminadores de ideas extraordinarios de nuestra cultura universitaria, incluso en medio de los procesos actuales de producción de conocimiento donde la exigencia al inmediatismo bibliográfico se ha vuelto una regla en los campos principales de saberes de las ciencias humanas. Las cuatro figuras sobre las cuales versa este número, Roger Bartra, Arnaldo Córdova, Pablo González Casanova y León Rozitchner, tres mexicanos y un argentino, además de ser académicos reconocidos a todo lo largo de América Latina, fueron y son grandes intelectuales en su sentido clásico: “militantes” y animadores culturales que desde los lugares convencionales de la difusión de la investigación y de las ideas políticas en general, produjeron varios de los principales mapas categoriales con los cuales generaciones enteras de académicos y estudiantes se han formado desde hace casi medio siglo en el campo de las ciencias sociales y las humanidades de la región. En este sentido, lo que nos ha interesado trabajar es el entrecruce de los campos analíticos, conceptuales e históricos que comparten la sociología política, la ciencia política, la historia y la filosofía política latinoamericana, con el enganchamiento que con frecuencia ha expresado la producción de teorías originales de nuestra región.
    Este número extiende la discusión abierta con la publicación de un primer volumen sobre el tema intitulado Figuras, historias y territorios. Cartógrafos contemporáneos de la indagación política en América Latina, coordinado por Israel Covarrubias y publicado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en 2015. En aquella ocasión, diversos estudiosos de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, España y México, abordaron y problematizaron la obra de los sociólogos políticos Fernando Henrique Cardoso, Gino Germani, Hugo Celso Felipe Mansilla y Juan Carlos Portantiero; también se discutieron las obras de los politólogos Guillermo O’Donnell y Dieter Nohlen; la del historiador brasileño Florestan Fernandes, la del economista heterodoxo Albert O. Hirschman; la del teórico político Ernesto Laclau, y del teólogo político Leonardo Boff. En ese entonces se trabajó una serie restringida de autores clásicos contemporáneos del pensamiento político latinoamericano. Con ello, se mostró que para estos autores el desarrollo de la política y la formación de lo político y lo social van de la mano, no pueden ser comprendidas si las dejamos a la suerte cognitiva de las diversas disciplinas en la región.
    Luego entonces, la presente entrega quiere continuar sobre este terreno académico al proponer cuatro contribuciones que sin duda serán esenciales para las tareas de enseñanza y de investigación en el campo de la historia conceptual y en el de la historia de las ideas políticas y sociales latinoamericanas. A pesar de que no es posible colocar a estos maitre à penser en una sola generación, estamos seguros de que muchas de sus contribuciones cobraron forma y comenzaron a impactar en la región por lo menos partir de los años sesenta, y con más fuerza a lo largo de los años setenta y ochenta del siglo XX hasta alcanzar el nuevo siglo. En gran medida su vigencia está dada porque sus obras inauguraron un método o un modelo particular de abordaje a ciertos problemas “recurrentes” de la teoría social y política. La lista es larga, pero en estas cuatro contribuciones encontramos trazos en torno a los debates de la formación contemporánea del Estado en América Latina, el lugar que ocupó el populismo en el desarrollo político de la región; o el de la democracia, sin duda el problema central de América Latina en el tránsito del siglo XX al siglo XXI, donde están las interesantes aportaciones de Rozitchner a la cuestión de la memoria de la política, el activismo y el pensamiento en torno a la desaparición, o las de Roger Bartra, quien se adentra en el campo simbólico de la política y la democracia.
    Finalmente, el objetivo de este número ha sido el de problematizar el impacto de las obras de algunas de las figuras mencionadas en los campos disciplinarios que atraviesan en América Latina (o en un conjunto de países del subcontinente) a partir del estudio y la discusión crítica de su producción teórica e histórica, presente en la obra de cada cartógrafo (en sus “mapas”), así como en el campo cultural y político específico donde la han desarrollado (en sus “territorios”), con especial atención a su reflexión sobre la democracia y su desarrollo contemporáneo.

    Israel Covarrubias 

    Coordinador del número

  • Número dedicado al pensamiento de Zygmunt Bauman Vitam. Revista de Investigación en Humanidades
    Vol. 3 Núm. 2 (2017)

    Analizar la obra de Zygmunt Bauman no es tarea fácil, máxime si se considera que, por regla general, el mundo académico de las ciencias sociales y políticas es reacio en extremo a aceptar alternativas que expliquen el devenir social desde la perspectiva de las metáforas y la reflexión desenfadada. Buena parte de las críticas hacia la obra de Bauman, lo sitúan en la posición de un autor poco comprometido con la cientifici- dad de la sociología, simplista en sus disertaciones por no acudir la lógica cuantitativa (tan manida en nuestros días) o bien como un charlatán. No es para menos. Bauman rompió definitivamente con una forma ortodoxa de entender la, ya de por sí, compleja realidad social. Para ello no acudió a la formulación de grandes teorías, ni a la invención o reinvención de concep- tos; antes bien, las metáforas fueron sus aliadas predilectas.

    El paso del mundo “sólido” a la esfera “líquida” es muestra de ello. No existe mejor forma de explicar las grandes transformaciones que ha sufrido la humanidad en sus ejes sociopolítico y socioeconómico que con estas metáforas. El viejo mundo, el sólido, es aquel que creó certezas, lo mismo para la vida laboral que para la vida privada. Lo material se resolvió en la ecuación del Estado-Nación, un modelo político cuyo auge se encuentra en la Paz de Westfalia, pero cuyo punto culminante es la posguerra del siglo XX.

    Qué mejor manera de explicar el llamado “Estado de Bienestar”, el “Keynesianismo”, la “Política Social” y eso que recordamos, con nostalgia, como la vida buena de la cuna a la tumba. Los “gloriosos” años 30, como también se les conoció. Es vida sólida porque es perdurable, porque se ciñe al paradigma de intervención política… la época populista, autoritaria y antidemocrática como draconianamente se le llama ahora y de la que tanto se quejan los analistas líquidos del presente: la izquierda y la derecha progresistas, como se autonombran.

    De igual forma, no hubo mejor manera de explicar el presente que con la metáfora del mundo líquido, un mundo sin “ataduras” al pasado, pero cosificado en la lógica del libre mercado a ultranza. Si desde hace muchos años se debate si el neoliberalismo es igual que la globalización (algo de lo que por cierto se encargó de desenmarañar un contempo- ráneo de Bauman, Ulrich Beck), la metáfora del mundo líquido disipa cualquier duda.

    En nuestra vida líquida no hay límites: hay competencia, hay muchas oleadas democratizadoras, existe una vena antiautoritaria (que algunos encasillan en los derechos humanos); existen los gobiernos abiertos, electrónicos, por resultados –sumo y sigo- pero lo que marca realmente nuestro devenir es la incertidumbre. Sin seguridad ma- terial no hay libertad real decían en otros tiempos. Y en nuestros días lo real, lo líquido, es el trabajo flexible, la contratación individual (no colectiva como se estilaba en los tiempos sólidos), la precarización de los derechos sociales y la “resolución biográfica de problemas creados estructuralmente” (Beck dixit). En otras palabras, ahora somos demócratas pero tenemos desafección con la política porque los candidatos no pueden cumplir promesas de campaña al momento de ser gobernantes. En nuestros días, la profesionalización de los procesos educativos (la especialización), se topa con el desempleo estructural. Hoy somos ciudadanos libres en nuestras elecciones, pero los elementos que nos crean felicidad terminan, casi siempre, en tiendas departamentales y si no somos parte del mercado, si no tenemos poder adquisitivo, entonces somos ciudadanos frustrados, pero siempre libres; algo de lo que se quejan los analistas sólidos del pasado: las viejas y conservadoras izquierda y derecha.

    Por ello el ser hijos de la libertad no es garantía de nada en estos tiempos líquidos y eso lo entendió, como ningún analista de la época, Zygmunt Bauman. Dentro de las paradojas que rodearon al autor, está la de que alcanzó la “fama” en el mundo de las ideas ya siendo un hombre mayor. Le pasó lo mismo que a los integrantes del Buenavista Social Club, multireconocidos y aclamados en la última parte de su vida (musical y biológica). Este tipo de aspectos también forman parte de la vida líquida. Y la otra paradoja es que los jóvenes y entusiastas estudiantes de ciencias sociales y políticas comprenden de mejor manera el presente, su presente, con las ideas de Bauman que con tesis de autores más sofisticados. Ello nos obligaría a pensar en la siguiente imagen: un abuelo, de otros tiempos, explicándole a su pequeño nieto, siempre atento, la realidad que le ha tocado vivir.

    Ruslan Posadas Velázquez
    Coordinador del número

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